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Tengo 38 años, trabajo en empresas haciendo consultoría y capacitación en relaciones humanas, he asistido a la Universidad, realicé especializaciones y cursos, y cuanto más fui aprendiendo de maneras tradicionales, más me fui dando cuenta que las cosas más importantes las he aprendido en el Jardín de Infantes...ésa ha sido la mejor Universidad de mi vida.
Pensarás que lo digo metafóricamente....pues no; Comencemos entonces por recordar cuáles fueron aquellos aprendizajes:
- El primer día de clases, los que más sabían (maestras y asistentes) no infundían respeto a través del temor, la exigencia y la presión, por el contrario, nos invitaban a iniciar un ciclo en compañía de nuestros padres, hasta que, una vez acostumbrados al nuevo espacio podíamos seguir solos. No nos advertían sobre los compañeros “malos” sino que nos instaban a desarrollar amistad, confianza y alegría.
- La capacidad de jugar y divertirse era una habilidad importante a tener en cuenta, mucho más que la del esfuerzo a través del sufrimiento y la renunciación. Los mejores alumnos eran los que más se integraban, se divertían y contribuían al mejor clima entre todos.
- Si alguien traía más comida que otro, o algún compañerito no había podido traerse su propia comida, se invitaba a los demás a compartir un poco de lo que todos tenían, de esa forma a nadie le faltaba y todos quedaban satisfechos.
- A la hora de expresar el potencial artístico, nadie juzgaba al otro ni lo criticaba por cantar mal, bailar feo y dibujar horrible. Todas las expresiones eran apoyadas y motivadas, ya que lo importante era poder expresarse en libertad.
- Cuando surgía alguna pelea entre compañeros, las maestras no sólo no tomaban partido por ninguno sino que instaban a la reconciliación y al darse cuenta que lo relevante no era quién tenía la razón sino que el corazón estuviera en paz. Además, después se llamaba a los respectivos padres de cada niño o niña, porque había conciencia de que un problema siempre forma parte de un contexto que es mayor que la problemática en sí.
- Nos sentábamos en mesas redondas, es decir en círculos, compartiendo cada aprendizaje y formando equipos, ya que no había necesidad de copiarse de nadie porque lo interesante era aprender para crecer. Los lugares que ocupábamos no eran fijos e inamovibles, en esa época estábamos concientes de que el cambio y la evolución eran tan naturales como hacer pipí.
- Todos queríamos crecer y ser más grandes porque sabíamos que eso era signo de madurez y experiencia. No estábamos pendientes de aparentar menos edad de la que naturalmente teníamos. Por el contrario reverenciábamos a nuestros padres y abuelos que eran los que nos precedían y merecían un lugar de privilegio en nuestro mundo.
- Si estábamos tristes, no lo disimulábamos...¿para qué hacerlo?, si estar triste forma parte de la vida como cualquier otra emoción. Manifestábamos nuestra tristeza, y los demás no hacían como que no se daban cuenta, o trataban indirectamente de hacernos olvidar del tema; en cambio nos preguntaban ¿qué te pasó?, y nos incluían, así como estábamos. No era imperioso mostrarse siempre sonriente y exitoso.
- Si nos gustaba alguien de la clase, no dábamos mil vueltas para hacérselo saber, nos acercábamos directamente ofreciendo lo mejor de nosotros: una galletita muy rica, un sándwich, un chupetín o simplemente la manito. Y si del otro lado venía un rechazo, no nos quedábamos paralizados por el resto de la vida, envueltos en una depresión crónica, o buscando explicaciones psicológicas. Después de elaborado el sufrimiento, simplemente ocupábamos nuestra atención en otra persona u otra actividad. La vida era TAN grande, que no hacía falta creer que ésa era la única oportunidad, ya vendrían otras.............
Probablemente, después de leer estas líneas, recuerdes esa época con una sonrisa nostálgica y tal vez le hayas agregado algún comentario del tipo: “Todo eso era muy lindo, pero vivíamos en un mundo de fantasía o irreal. No estábamos preocupados por llegar a fin de mes, ni teníamos tanta gente cuidándonos. Además el mundo cambió mucho y ahora todo es distinto”.
¿Apareció algún pensamiento de ese tipo? Si no fue así, bienvenido entonces a la posibilidad de comenzar a construir nuevos mundos, comenzando por tu pequeño mundo personal.
Pero si efectivamente apareció esa vocecita que se apura por descalificar o desconfiar...¿Cómo aprender a revertir esa manera de ver y vivir la vida? Porque en definitiva, quien peor la pasa concibiendo al mundo como un lugar lleno de miseria, inseguridad, odio y amenaza es quien lo ve así. Y no estoy negando la infinidad de malas noticias que aparecen cotidianamente en los medios de comunicación, y las condiciones en las que se vive en tantos lugares y ciudades del planeta tierra.
A lo que estoy convocando es a la recuperación de una manera más suave de relacionarnos, donde la ternura, la confianza y el respeto por las diferencias sean tan importantes como ganar dinero y descansar los fines de semana. Porque...¿de qué nos sirve acumular dinero si no podemos descansar, y de qué nos sirve descansar si cuando lo intentamos la cabeza no para porque está acelerada y peleada con los demás?
Si estás recibiendo este correo, es porque tienes una computadora a tu disposición, hay un trabajo que te respalda, estás interactuando con personas que necesitan de lo que haces, por lo tanto eres útil. Por mas dificultades que tengas, tienes el dinero básico para comer y no pedir en la calle, y cuando regresas a tu casa, muy probablemente el techo no sea de chapa ni el piso de tierra........por todo esto.......ERES UNA PERSONA PRIVILEGIADA. Mas aún entonces, ¿que esperas para ejercer un tipo de liderazgo en tu ámbito de influencia, donde el acento esté puesto en recuperar lo que aprendimos cuando éramos niños?
Todos fuimos niños, todos asistimos al Jardín de Infantes y aprendimos que si generamos un contexto adecuado, los cambios tienen mayor posibilidad de producirse. A eso le llamamos el principio de la “reciprocidad”, que es ni mas ni menos que “cosechar lo que hemos sembrado”.
Así como muchos programas de TV y diarios siguen sembrando desconfianza y temor...¿qué semilla podrías comenzar a sembrar hoy para que en tu círculo próximo sea más grato trabajar, producir y relacionarse?
Si no te gusta lo que hay hoy...es producto de lo que has venido sembrando en el pasado. Y si quieres que el futuro sea mas agradable, entonces necesitas comenzar a cambiar HOY.
Conformarse con menos de lo que deseamos o sabemos que merecemos, es empezar a traicionarnos día a día, minuto a minuto. En definitiva, infierno es el lugar donde uno
va después de haber vivido, y se enfrenta a la persona
que pudo haber sido, si hubiera tenido el valor de
arriesgar.
Son tiempos para arremangarse y poner manos a la obra, el trabajo consistirá en recordar lo aprendido y traerlo a nuestra compleja y desafiante vida de adultos.
Ya lo dijo en su momento Pablo Neruda: "La única diferencia entre los hombres y los niños, es el tamaño de sus juguetes".
Lic. Ignacio Trujillo
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